miércoles, 11 de julio de 2012

#.

Párate por un momento a pensar. Piensa en este mundo. Date unos minutos, minutos para pensar en ti, solamente en tu vida, en lo que haces con ella día a día, en como cambia, como evoluciona. Recuerda todo lo que has vivido. Recuerda todos los buenos momentos. Y olvida los malos. Bueno no, mejor no, mejor no los olvides, pero sí déjalos a un lado. A un lado escondidos, donde solo los veas cuando tú quieras. Para si alguna vez quieres recordar algo, para no equivocarte, para ver algo que te hizo daño y no lo quieres repetir, para esas cosas sácalos. Recuérdalos. Y desahógate. Desahógate sin miedo, sin temor a que alguien te vea. Saca toda la rabia y dolor que llevas dentro. Quítate todo ese sufrimiento. Por mucho que te cueste, por mucho que duela, haz lo correcto, lo que te venga a ti mejor, a tu felicidad. Porque igual al principio eres feliz, te sientes genial, pero cuando eso acaba te sientes peor que cuando no lo tenías. Y no, no lo puedes permitir. Luego ya puedes coger los buenos momentos, secarte las lágrimas anteriores y reponer fuerzas, con una esplendida sonrisa y algunas lágrimas de alegría. Recuerda todo esto, disfruta, ríe a carcajadas y sobretodo sé feliz. Después de todo, levántate de donde estés, levántate con más fuerzas que nunca, con una sonrisa que te duela hasta la cabeza de tanto sonreír. Sal a la calle. Disfruta. Grita. Corre. Salta. Ríe. Tírate por el suelo. Mánchate. Vuelve a ser pequeña. Da abrazos. Besos. Caricias. Dí te quiero muchas veces. Rómpete algo pero sin hacerte daño. Descarga tu energía. Y cuando llegues a casa, cae en la cama rendida.